¿Cuál fue el reto o problema a resolver?

Una empresa disponía de una patente sobre una idea de producto y necesitaba llevarla un paso más allá, requería un estudio de viabilidad de producto. Su objetivo era doble: alcanzar un diseño realizable para lanzar el producto al mercado o, alternativamente, ofrecerlo a posibles compradores interesados en explotarlo. En ambos escenarios la condición previa era la misma: demostrar que la idea podía fabricarse.

Para sostener esa idea, el cliente contaba con material gráfico que dotaba al producto de un aspecto estético definido y servía para transmitir el concepto a inversores. Pero el propio cliente identificaba una carencia: ese material contemplaba únicamente el plano estético, sin ahondar en el nivel constructivo ni funcional. Aquí intervino INFINITIA con el encargo de realizar un análisis de viabilidad que permitiera obtener un diseño industrialmente realizable teniendo en cuenta la estética, los procesos de fabricación y los materiales.

Cómo convertir una propiedad intelectual en un producto fabricable

La propiedad intelectual protege una idea, un concepto o una solución técnica, pero no describe cómo construirla. Un registro delimita qué se protege y frente a quién; la fabricación exige una información completamente distinta: geometrías definidas, espesores, tolerancias, uniones entre piezas, secuencia de montaje, procesos productivos concretos y materiales con propiedades verificables. Entre ambos extremos existe una distancia técnica que solo se recorre mediante ingeniería.

Esa distancia condicionaba los dos caminos del cliente. Para lanzar el producto por su cuenta necesitaba un diseño con nivel de definición suficiente para fabricarse; para ofrecerlo a terceros necesitaba un activo técnico creíble, capaz de demostrar que la idea no se queda en el papel. Un concepto sin respaldo constructivo es difícil de valorar y complicado de negociar.

En el desarrollo de producto industrial, un diseño se considera realizable cuando puede fabricarse con procesos y materiales disponibles, cumple la función prevista y mantiene la intención estética original. Esa triple condición es la que transforma una idea registrada en un producto. El reto, por tanto, no era estético ni conceptual, sino técnico y de decisión: determinar qué partes de la idea eran viables tal y como estaban planteadas, cuáles requerían una alternativa constructiva y qué implicaciones tenía cada opción sobre el coste, el proceso y el resultado.

Por qué los renders y el material gráfico no bastan para fabricar

El material gráfico de producto (bocetos, renders e imágenes fotorrealistas) cumple una función real y valiosa: comunicar. Permite que un inversor, un socio o un cliente potencial entienda de un vistazo qué se propone, qué aspecto tendrá y qué lugar podría ocupar en el mercado. Es una herramienta de alineamiento y comunicación, no un documento de fabricación.

Un render comunica cómo se verá el producto. Solo un diseño constructivo explica cómo se fabrica, con qué material y por qué funciona.

La diferencia es sustancial. Una imagen fotorrealista puede representar superficies continuas sin indicar por dónde se separan las piezas, mostrar mecanismos que no tienen espacio interno para alojarse o sugerir acabados que ningún proceso reproduce a coste razonable. No son errores del material gráfico: simplemente responde a otra pregunta. Cuando se toma como base para fabricar, los problemas no desaparecen, se posponen hasta la fase más cara del proyecto. Por eso la solicitud no fue mejorar la imagen del producto, sino comprobar si detrás de esa imagen existía un producto posible, evitando uno de los errores más frecuentes: confundir la validación estética con la técnica.

Análisis de viabilidad técnica de un diseño industrial

El análisis de viabilidad técnica es el proceso mediante el cual se determina si el diseño y las especificaciones de un producto son realizables, identificando obstáculos técnicos y ajustando el diseño cuando es necesario. No es un informe de aprobación a posteriori: es una fase de trabajo que interviene sobre el propio diseño y condiciona las decisiones posteriores.

En este caso, el reto asumido por el equipo de Desarrollo de producto de INFINITIA consistió en compatibilizar tres exigencias que suelen tirar en direcciones opuestas: la estética, porque el aspecto ya definido formaba parte de la propuesta de valor; los procesos de fabricación, porque cada tecnología impone restricciones geométricas propias; y los materiales, porque de ellos dependen la función, la durabilidad y buena parte del coste.

Compatibilizarlas obliga a decidir con criterio industrial, no a elegir siempre la solución técnicamente más brillante. Una geometría puede resolverse de varias maneras, y la adecuada es la que respeta la intención del diseño, se fabrica con procesos accesibles y usa materiales que cumplen los requisitos. El análisis de viabilidad técnica de producto permite anticipar esos conflictos en fase de diseño, cuando corregirlos cuesta horas de ingeniería y no modificaciones de utillaje.

Modelado CAD 3D de todas las piezas del producto rediseñado

¿Cómo se abordó o cuál fue la solución?

El proyecto se abordó como un proceso ordenado en cuatro tareas encadenadas, en el que cada una resolvía una pregunta concreta antes de habilitar la siguiente: qué debía cumplir el producto y cómo resolver sus problemas de diseño; cómo se materializaba la solución elegida en un modelo completo; y qué marco normativo y qué materiales resultaban adecuados para fabricarlo.

Ese orden no es casual: avanzar hacia el modelado antes de fijar los requisitos multiplica las iteraciones, y seleccionar materiales antes de conocer la geometría real conduce a decisiones que después hay que rehacer. El equipo trabajó en colaboración directa con el cliente a lo largo de todo el recorrido, de forma que el rediseño avanzara alineado con sus intereses y no solo con criterios técnicos internos.

Requisitos de producto y estudio de mecanismos para el rediseño

La primera tarea fue establecer una serie de requisitos de producto que sirvieran de punto de partida. Para ello, el equipo se puso en contacto directo con el cliente para conocer de primera mano sus necesidades y objetivos reales. Los requisitos son el conjunto de necesidades, funcionalidades, restricciones y criterios de rendimiento que un producto debe satisfacer, y definirlos por escrito convierte una expectativa en un criterio verificable: en lugar de discutir si el diseño es correcto, se comprueba si cumple lo acordado.

Trabajarlos junto al cliente aporta además un beneficio que va más allá del documento, porque permite conocer a fondo sus objetivos, incluidos los que no son estrictamente técnicos, como la vía de explotación prevista para la propiedad intelectual. La definición de requerimientos y especificaciones de producto es, por este motivo, la fase que sostiene todas las decisiones posteriores.

Con los requisitos fijados, el equipo planteó propuestas de mejora enfocadas a la viabilidad, obtenidas mediante investigación y sesiones de brainstorming, y estudió en paralelo posibles mecanismos que resolvieran los problemas del diseño.

Explorar varias alternativas de mecanismo antes de modelar reduce el riesgo de rediseño cuando el producto avanza hacia la fabricación.

El resultado de esta etapa fue la definición de la línea de trabajo a desarrollar. Esta forma de trabajar es la propia de las fases de ideación y conceptos de producto, en las que la divergencia controlada de ideas precede a una convergencia razonada hacia la solución que mejor equilibra función, estética y fabricabilidad.

Modelado CAD 3D completo de todas las piezas

Definida la línea de trabajo, se realizó el diseño completo del producto hasta un nivel de definición suficiente. Para ello se utilizó software profesional de diseño CAD 3D, con el que se obtuvieron todos los modelos tridimensionales de las piezas del producto rediseñado.

El diseño asistido por ordenador (CAD) permite generar modelos tridimensionales precisos de cada pieza y de su ensamblaje. Su valor no está solo en representar la geometría, sino en permitir un control completo del diseño: comprobar interferencias entre piezas, verificar espacios internos, evaluar el montaje y anticipar cómo se comportará el conjunto antes de fabricar nada.

La ventaja decisiva del modelado es la capacidad de iterar: modificar una cota, cambiar un espesor o reorganizar un subconjunto no supone una pérdida de tiempo apreciable, mientras que la misma modificación sobre un molde ya fabricado implica coste y plazo. El servicio de diseño 3D y modelado mediante CAD se apoya en esta lógica de iteración controlada. Alcanzar un nivel de definición suficiente significa que el modelo ya no describe una intención, sino un producto: cada pieza tiene una geometría concreta, una función asignada y una relación definida con las demás.

Normativa de producto y selección de materiales para fabricar

La última tarea consistió en una búsqueda y análisis de las posibles normativas aplicables a la tipología del producto, estudiando los requisitos que debían cumplir los materiales para la fabricación, con un objetivo claro: seleccionar los materiales que mejor se adaptaban a los requisitos definidos al inicio.

Este orden merece atención, porque suele olvidarse. La normativa aplicable no es un trámite posterior al diseño, sino una fuente de requisitos técnicos: los marcos de referencia industriales (ISO, UNE o ASTM según la tipología y el sector) fijan condiciones sobre composición, prestaciones, seguridad o ensayos exigibles. Conocerlas antes de decidir el material evita que un producto técnicamente correcto resulte inviable por incumplir una condición que se conocía de antemano.

La selección de materiales deja de ser una elección abierta cuando los requisitos normativos se identifican antes de decidir, y no después de diseñar.

Con esa información, la selección de materiales se convierte en una decisión acotada y trazable: se contrastan las propiedades necesarias, la compatibilidad con el proceso de fabricación, el comportamiento esperado en uso y las restricciones normativas, y se elige la opción que mejor equilibra ese conjunto. Así, el cliente pasó de tener una idea a disponer de un diseño industrializable, contrastado frente a requisitos, procesos y normativa. Ese diseño es el activo que convierte una propiedad intelectual en una base sólida sobre la que decidir: fabricar, buscar comprador o avanzar hacia las fases de prototipado industrial e industrialización. Un estudio de viabilidad no elimina toda la incertidumbre, pero la traslada al momento del proyecto en el que corregir todavía es barato.

Selección de materiales y normativa aplicable para la fabricación del producto
Desarrollo de producto Diseño e innovación
Rediseño - nuevos productos

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