¿Cuál fue el reto o problema a resolver?

El rediseño de producto es la fase de ingeniería en la que un producto ya concebido se replantea en su forma, su estructura y su mecanismo antes de afrontar el desarrollo completo. No consiste en volver a dibujar lo que ya existe, sino en revisar qué funciona, qué limita y qué conviene cambiar mientras modificarlo todavía resulta barato.

Una empresa se dirigió a INFINITIA con una idea ya protegida y con una duda muy concreta sobre cómo continuar. Disponía de un modelo de utilidad registrado y necesitaba que un partner que le ayudase a plantear los siguientes pasos del desarrollo de producto y a ejecutar el rediseño de este.

Qué hacer con un modelo de utilidad ya registrado

Un modelo de utilidad es un título de propiedad industrial que protege invenciones industrialmente aplicables consistentes en dar a un objeto o producto una configuración, estructura o composición de la que resulte una ventaja prácticamente apreciable para su uso o fabricación.

Ese título acredita que la invención existe y que aporta una ventaja funcional, pero no resuelve el desarrollo. Un registro protege la configuración; no selecciona materiales, no fija tolerancias, no describe cómo se fabricará el producto ni asegura que su aspecto convenza al usuario final. Entre el documento registrado y un producto listo para fabricar queda un recorrido de ingeniería que empieza por definir los requerimientos y especificaciones de producto.

Conviene subrayar una distinción que condicionó por completo este proyecto: lo que estaba protegido era la utilidad práctica de la configuración, mientras que lo que había que mejorar era la apariencia, que el registro no cubría. El cliente tenía cubierta la primera dimensión y necesitaba trabajar la segunda sin comprometer aquello que ya estaba registrado.

Por eso la pregunta que trasladó al equipo de Desarrollo de producto de INFINITIA no era solo estética. Era una pregunta de hoja de ruta: qué hacer a continuación, en qué orden y con qué criterios técnicos, de modo que las decisiones tomadas en esta fase no obligasen a rehacer el trabajo en la siguiente.

Por qué abordar la estética en reposo antes del desarrollo

El cliente identificó un punto débil concreto. El producto respondía a su función, pero su aspecto cuando no estaba en uso no acompañaba: la estructura quedaba expuesta y el conjunto ocupaba más espacio del deseado. En un producto que permanece a la vista buena parte de su vida útil, ese estado de reposo pesa tanto como el estado de trabajo, porque es el que el usuario tiene delante la mayor parte del tiempo.

La decisión fue abordar el rediseño estético antes del desarrollo completo, y no después. Ese orden es determinante. Cuando la estética se aborda al final, sobre una arquitectura mecánica ya cerrada, el margen de maniobra se reduce a añadir carcasas o embellecedores, que casi siempre suman volumen, peso, piezas y coste sin resolver el problema de fondo.

Mejorar la estética de un producto en reposo rara vez es una cuestión de acabado: obliga a replantear la arquitectura del plegado y el espacio que ocupa.

Abordarlo en fase de diseño e innovación de producto permitió lo contrario: tratar la apariencia como una consecuencia de la arquitectura del producto y no como una capa superpuesta. Si la estructura se recoge sobre sí misma y desaparece de la vista, el resultado estético se obtiene por diseño, con menos elementos añadidos y menos volumen.

Integrar lo técnico, lo estructural y lo estético

El reto que asumió INFINITIA fue llegar a un punto que sirviera de base para un futuro desarrollo teniendo en cuenta, a la vez, los aspectos técnicos, los estructurales y los estéticos. Cada uno de esos tres planos tira en una dirección distinta y la dificultad real está en resolverlos juntos, no por separado.

La tensión es fácil de describir. Ocultar la estructura exige recogerla, y recogerla exige articulaciones, guías o puntos de giro que introducen holguras y esfuerzos nuevos en zonas que antes no los soportaban. Reducir el espacio ocupado obliga a compactar, y compactar restringe el recorrido de los elementos móviles. Cualquier propuesta que ignorase una de las tres dimensiones habría producido conceptos atractivos pero inviables, o viables pero indiferentes.

A esto se sumaba una restricción de partida poco habitual: el trabajo debía respetar lo ya registrado. Un rediseño en este contexto no parte de una hoja en blanco, sino de una configuración protegida sobre la que hay que innovar sin desdibujar aquello que constituye su ventaja práctica, que es justamente lo que el título ampara.

El encargo, además, no era producir un diseño cerrado ni pasar directamente al desarrollo mecánico de las piezas. Era generar una base contrastada sobre la que decidir. Ese matiz cambia el tipo de entregable: no se buscaba una única solución acabada, sino alternativas comprensibles, comparables y suficientemente maduras como para sostener una decisión de inversión.

Conceptos de sistemas de plegado ideados para ocultar la estructura del producto cuando no está en uso

¿Cómo se abordó o cuál fue la solución?

El proyecto se estructuró como un proceso de ideación y diseño conceptual, la fase del desarrollo de producto en la que se generan y evalúan alternativas antes de comprometer recursos en ingeniería de detalle. El equipo de Desarrollo de producto de INFINITIA trabajó en cuatro etapas encadenadas, de lo general a lo concreto.

La lógica del encadenamiento es sencilla: primero entender el contexto, después explorar el mecanismo, luego explorar la apariencia y, por último, decidir junto al cliente. Cada etapa acotaba la incertidumbre de la siguiente y ninguna avanzaba sobre supuestos sin contrastar, que es la forma de evitar que un error de planteamiento inicial se propague hasta las fases caras del proyecto.

Estudio de mercado y benchmarking como punto de partida

El trabajo comenzó con un estudio preliminar de mercado y de las tendencias actuales de la tipología de producto. Este tipo de análisis, conocido también como benchmarking, consiste en examinar de forma sistemática los productos existentes en un segmento para entender qué soluciones se están adoptando, con qué recursos técnicos se resuelven y dónde están sus límites.

El equipo analizó por partes los diferentes aspectos que afectan al producto y obtuvo de ahí una serie de conclusiones. Descomponer el análisis en bloques, en lugar de valorar cada referencia como un todo, permite comparar soluciones concretas entre productos que a simple vista son muy distintos y extraer aprendizajes de segmentos vecinos.

El estudio aportó información tanto estética como funcional de los principales productos involucrados o relacionados de alguna manera con el producto que se estaba desarrollando. Esa doble lectura era imprescindible en este caso: el reto mezclaba apariencia y mecanismo, y observar solo una de las dos caras habría dejado fuera la mitad del problema.

Este estudio previo y maduración de la idea cumple una función que va más allá de recopilar referencias. Sitúa el desarrollo frente al estado del arte real, evita reinventar soluciones ya superadas y aporta criterios objetivos para justificar, más adelante, por qué se descarta un camino y se elige otro.

Generación de conceptos de plegado y de estética con ilustraciones

La segunda etapa abordó el núcleo del reto: una propuesta conceptual de sistemas de plegado para ocultar la estructura del producto al no estar en uso. Un sistema de plegado es el conjunto de elementos articulados que permite que un producto pase de su configuración de trabajo a una configuración recogida, y a la inversa, de forma repetible y controlada.

Mediante un proceso de brainstorming se plantearon, a nivel conceptual, distintas opciones de mecanismos. La sesión de generación de ideas no busca la solución definitiva, sino ampliar deliberadamente el abanico de posibilidades antes de empezar a descartar, que es el momento en el que el criterio técnico se aplica con mayor exigencia.

La elección del mecanismo de plegado en fase conceptual condiciona el coste de todas las decisiones de ingeniería que vienen después.

De cada opción se realizaron diagramas e ilustraciones. La realización de diagramas ayuda a comprender mejor la idea sin llegar a profundizar en el desarrollo mecánico, y ahí reside su valor: representan cómo se mueve el mecanismo y hacia dónde, con un coste en horas muy inferior al de un modelado completo y sin cerrar todavía geometrías ni componentes. Un concepto descartado sobre un diagrama cuesta unas horas; el mismo concepto descartado tras la ingeniería de detalle cuesta semanas y arrastra decisiones ya tomadas.

Resuelto el plano del mecanismo a nivel conceptual, el equipo generó una serie de propuestas conceptuales de estéticas para el producto. También aquí se recurrió a un proceso de brainstorming, del que salieron diferentes propuestas formadas por ilustraciones de alta calidad.

El nivel de acabado del material gráfico no es un detalle menor. Una estética solo se puede valorar viéndola, y una representación pobre condiciona el juicio: se descartan buenas ideas mal dibujadas y se aprueban ideas mediocres bien presentadas. Las ilustraciones de alta calidad neutralizan ese sesgo y permiten que la decisión recaiga sobre la propuesta y no sobre su representación.

Estas propuestas permitieron tener una visión de las posibles estéticas que podrían resultar interesantes para el desarrollo definitivo del producto. El objetivo no era cerrar una imagen, sino abrir un rango de direcciones formales coherentes con los sistemas de plegado explorados en la etapa anterior, de modo que cada propuesta estética fuera compatible con al menos una de las arquitecturas de plegado planteadas y ninguna dirección visual quedase sin una solución mecánica capaz de sostenerla.

Elección del concepto a desarrollar junto al cliente

De los resultados obtenidos en la generación de conceptos se plantearon tres líneas de trabajo, que se presentaron al cliente para determinar cuál de ellas desarrollar. Presentar un número acotado de alternativas, en lugar de una sola opción o de un catálogo inabarcable, es lo que permite comparar de verdad y decidir con criterio.

Con la colaboración del cliente se seleccionó la mejor opción en función de sus necesidades y, de esta forma, se pudieron definir los siguientes pasos para el desarrollo del producto. Nadie conoce mejor que él sus prioridades comerciales, sus plazos y su capacidad industrial, y esas variables pesan tanto como las técnicas a la hora de elegir un camino.

Presentar varias líneas de trabajo y decidir junto al cliente evita que el rediseño de producto avance sobre una hipótesis estética no validada.

El proyecto se considera un éxito porque se logró mejorar la estética del producto cuando no está en uso, que era el objetivo del cliente, reduciendo el espacio que ocupa y mejorando el mecanismo de plegado. Son resultados obtenidos ya sobre el concepto, antes de comprometer la inversión del desarrollo completo y del prototipado posterior.

Con la línea de trabajo elegida y los siguientes pasos definidos, el producto quedó en disposición de afrontar las fases posteriores del desarrollo con una base técnica y formal ya contrastada.

Conceptos estéticos del producto presentados con ilustraciones de alta calidad para decidir la dirección de diseño
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