¿Cuál fue el reto o problema a resolver?

Cuando una empresa quiere lanzar un nuevo producto, el primer obstáculo no suele ser fabricarlo, sino demostrar que la idea tiene sentido antes de invertir en ella. En ese punto, un prototipo a escala reducida, entendido como una réplica funcional del producto fabricada en una proporción menor que la real, se convierte en la herramienta que traduce un concepto en algo que se puede accionar y presentar una idea de producto a inversores.

El cliente de este proyecto se encontraba justo ahí. Partía de una idea de producto en su fase más inicial y necesitaba llevarla más lejos con dos fines claros, comprobar que el funcionamiento era viable y disponer de un objeto tangible con el que presentar el proyecto a posibles inversores. No había diseño, ni definición técnica, ni certeza sobre la viabilidad de la propuesta.

Una idea en fase inicial que necesitaba desarrollarse

Una idea en fase inicial es un concepto de producto todavía sin definir a nivel técnico, sin geometría, sin materiales elegidos y sin pruebas que respalden su funcionamiento. Desarrollarla significa recorrer las fases que convierten esa intuición en una solución concreta y comprobable.

El encargo del cliente no era, por tanto, estético en primera instancia. Lo que necesitaba era despejar una incertidumbre, saber si su idea funcionaba, y obtener a la vez un soporte físico con el que defenderla ante terceros. Un inversor evalúa oportunidades, y la diferencia entre enseñar un plano y poner sobre la mesa un objeto que se acciona es enorme en términos de credibilidad.

Partir de una idea sin definición previa añade una dificultad de fondo, no existe un producto anterior en el que apoyarse, ni datos de comportamiento, ni una experiencia de uso que sirva de referencia. Cada requisito hay que deducirlo, y cada decisión de diseño avanza sobre un terreno que todavía no está fijado. Ese es el motivo por el que un desarrollo estructurado, que resuelve las incógnitas por orden, resulta especialmente valioso en estos casos.

Ese doble objetivo, validar y presentar, orientó todo el proyecto. El prototipo no se planteó como un fin en sí mismo, sino como una herramienta de decisión que permitiera responder a dos preguntas, si la propuesta merece avanzar y si conviene invertir en ella. INFINITIA asumió el encargo desde su servicio de desarrollo de producto, que cubre el trayecto completo entre una idea inicial y un prototipo validado.

Por qué la estética del prototipo era un requisito para inversores

El cliente pedía cuidar mucho el acabado estético del prototipo. En un proyecto orientado a la validación y a la captación de inversión, la estética no es un adorno, es parte del argumento. Un prototipo con marcas de proceso visibles transmite provisionalidad, mientras que un acabado cuidado transmite un producto próximo a existir.

Esto convierte la estética en un requisito técnico, no en una preferencia. Los procesos más ágiles para fabricar piezas únicas suelen dejar una huella superficial característica, y conseguir un aspecto de producto acabado exige postprocesado, materiales concretos o procesos distintos, cada uno con sus plazos y limitaciones.

Es una situación frecuente cuando un prototipo debe representar fielmente el producto final ante un comité o un inversor, como ocurre en el diseño y fabricación de un demostrador funcional y estético, donde la calidad percibida forma parte de los requisitos del encargo. El reto para el equipo de Desarrollo de producto era, entonces, doble, cumplir función y apariencia con el mismo objeto.

Factor de escala reducido: la restricción que ordenó el diseño

El factor de escala es la proporción entre las dimensiones del prototipo y las del producto real. El cliente necesitaba mantener un factor de escala muy específico, y esa exigencia, aparentemente menor, es de las que más condicionan un proyecto de prototipado.

La razón es que la escala no afecta por igual a todo. La geometría de las piezas se reduce proporcionalmente mediante diseño, pero los componentes comerciales, los espesores mínimos de fabricación y las tolerancias de los procesos no encogen con ellas. Al bajar de tamaño, el margen se estrecha y cada milímetro pesa más en el conjunto.

Al reducir la escala de un producto, las tolerancias de fabricación no se reducen con él. Ahí es donde un prototipo a escala deja de ser una maqueta y pasa a ser un ejercicio de ingeniería.

Además, un prototipo a escala tiene que seguir funcionando. Reducir el tamaño obliga a comprobar si cada función se mantiene cuando las piezas encogen y a decidir qué se reproduce con fidelidad y qué se resuelve de otro modo. Combinada con la exigencia estética, esta restricción es la que definió el verdadero reto técnico, satisfacer a la vez una escala estricta y una apariencia de producto terminado, dos condiciones que a menudo tiran en direcciones opuestas.

Medición con calibre de un prototipo a escala para verificar tolerancias

¿Cómo se abordó o cuál fue la solución?

La respuesta consistió en un proceso ordenado de desarrollo de producto, en el que cada fase resolvía una pregunta antes de habilitar la siguiente. De este modo, ninguna decisión de diseño se tomó sobre una hipótesis sin comprobar, algo especialmente importante cuando se parte de una idea sin definición previa.

INFINITIA y el equipo de Desarrollo de producto asumió las tareas técnicas y mantuvo al cliente dentro del proceso allí donde su conocimiento del negocio resultaba determinante.

Estudio previo y especificaciones de producto (EDP)

El proyecto comenzó con un estudio preliminar de las posibles normas y restricciones aplicables al producto, acompañado de un análisis de las soluciones ya existentes en productos relacionados. Revisar cómo han resuelto otros problemas parecidos ayuda a identificar restricciones reales y a situar la idea frente a lo que ya ofrece el mercado, un ejercicio útil cuando el objetivo final es defender la propuesta ante inversores.

Con esas conclusiones se definieron las especificaciones de producto (EDP), es decir, el conjunto de requisitos funcionales, dimensionales, normativos y de uso que el producto debe cumplir para considerarse válido. Fijarlas al principio convierte una idea abierta en un encargo acotado, con criterios verificables y un alcance que todas las partes entienden igual.

Definir las especificaciones de producto antes de diseñar evita rehacer el trabajo después. Es la fase que fija sobre qué base se construye todo el desarrollo posterior.

Esas especificaciones se convirtieron en la base del resto del proyecto, incorporando desde el inicio la restricción de escala y el nivel de acabado exigidos. La definición de requerimientos y especificaciones de producto reduce el riesgo de descubrir tarde un requisito que obligue a rediseñar, uno de los errores más costosos en el desarrollo de un producto nuevo.

Cómo se seleccionó la línea de trabajo con el cliente

Con las especificaciones cerradas se abrió la fase de generación de ideas. El equipo organizó una sesión de ideación junto al cliente cuyo objetivo era aportar el mayor número posible de propuestas, con distintos enfoques, sin descartar ninguna en la primera pasada.

La ideación en desarrollo de producto consiste en generar ideas para un nuevo producto y transformarlas después en conceptos concretos, propuestas estructuradas que se pueden evaluar y comparar. Que el cliente participe directamente en la sesión asegura que el desarrollo se adapta a sus necesidades reales y que se cubren los puntos que él considera imprescindibles.

La conceptualización es el paso que sigue a la generación de ideas, y consiste en dar forma a las propuestas más prometedoras hasta convertirlas en conceptos definidos, con su funcionalidad, su enfoque y sus implicaciones técnicas ya esbozadas. Trabajar sobre conceptos, y no sobre ideas sueltas, permite compararlos con criterio y decidir con fundamento cuál responde mejor a las especificaciones definidas.

Tras generar los conceptos se seleccionó una única línea de trabajo. Esa elección es un punto de no retorno controlado, concentra el esfuerzo en una dirección y permite profundizar en ella en lugar de repartir recursos entre varias alternativas a medio desarrollar. El trabajo de ideación y conceptos y el de diseño e innovación forman parte del mismo recorrido, ofrecer al cliente varias líneas posibles y darle criterio técnico para decidir cuál desarrollar por completo.

Del diseño CAD al prototipo montado y probado

La línea elegida se desarrolló íntegramente en software profesional CAD. El diseño asistido por ordenador (CAD) permite construir un modelo tridimensional completo del producto y de cada pieza antes de fabricar nada, comprobando encajes, movimientos y proporciones sobre el modelo digital. Cada pieza se diseñó pensando desde el principio en los procesos y materiales con los que iba a fabricarse, porque una geometría correcta en pantalla puede resultar imposible de obtener con el proceso previsto o incompatible con la escala exigida.

Diseñar en CAD 3D pensando en el proceso de fabricación permite iterar sobre el modelo digital, donde corregir cuesta horas en lugar de piezas descartadas.

Para las piezas que requerían fabricación no aditiva, es decir, procesos que parten de material y lo transforman en lugar de añadirlo capa a capa como hace la impresión 3D, se buscaron proveedores de materiales y procesos capaces de alcanzar el acabado y la precisión exigidos. Esa combinación de diseño y prototipado es la que permite pasar del concepto a una pieza real sin perder el control sobre la escala ni sobre la estética.

Reunidos todos los materiales, se montó el prototipo y se verificó su funcionamiento con las pruebas necesarias. El montaje es el momento en el que las decisiones de diseño se confrontan con la realidad, las tolerancias reales y el comportamiento del conjunto. Una vez validado, el prototipo se envió a las instalaciones del cliente con la escala y la estética específicas que buscaba, listo para servir de herramienta de validación y para sostener la presentación ante inversores.

Ese es el valor de recorrer las fases de desarrollo de producto de forma ordenada, una idea sin definir se transforma en un objeto verificado, con criterio técnico detrás de cada decisión. Lo que empezó siendo solo un concepto en la cabeza del cliente terminó siendo un prototipo con la escala y la estética exactas que necesitaba, capaz de sostener por sí mismo la validación técnica y la presentación ante inversores.

Montaje y testeo funcional del prototipo a escala
Desarrollo de producto Diseño e innovación
Rediseño - nuevos productos

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