Hablamos con Alberto Zurro sobre COVID-19, ozono y luz ultravioleta

Hablamos con Alberto Zurro sobre COVID-19, ozono y luz ultravioleta

Hablamos con Alberto Zurro, ingeniero especialista en tecnologías energéticas de Infinitia, para que nos aclare algunos de los engaños más comunes y qué hay de cierto en el uso de dos soluciones que han acaparado casi todas las miradas: el ozono y la luz ultravioleta.

Desde el comienzo de la pandemia el mercado de la tecnología contra la COVID-19 ha crecido de forma considerable. Aparatos y herramientas que prometían la eliminación total del virus sin perjuicio del portador del mismo. Bien sea por el oportunismo o falta de conocimientos científicos, todavía hoy encontramos usos incorrectos y utensilios que no llevan a cabo las funciones que prometen.

 -Empecemos por lo más básico, ¿Cómo se elimina un virus?

– Antes es necesario saber que significa “virus” y “desinfectar”. Un virus, o microorganismo, en general, no es muy diferente a nosotros a nivel químico. Esto significa que también está formado por molecular y átomos, que cuando se juntan en formas complejas cumplen una función. Por tanto, la estrategia es clara: rompiendo esas estructuras impedimos que funcionen correctamente.  Existen varios sistemas para llevar a cabo su control y que puede dividirse en dos macro categorías: soluciones químicas o energéticas, una tercera vía es aplicar cuarentenas temporales para que se degraden por si mismas con agentes externos.

– ¿Puedes poner algún ejemplo de estas aproximaciones?

-Por supuesto. Todos tenemos claro que la lejía, el alcohol o el ozono desinfectan, aunque no sepamos porqué. Pues bien, resulta que tienen moléculas muy reactivas, como el cloro o radicales oxígeno. Cuando entran en contacto con microorganismos, les arrancarán átomos para formar especies más estables. El resultado es que las estructuras biológicas se han dañado.

La aplicación energética más tradicional es la temperatura. El calor es capaz de romper uniones entre moléculas; el resultado es el mismo. Otro ejemplo que ha cobrado mucha fuerza con la pandemia es el uso de luz ultravioleta. “¿cómo puede la luz desinfectar?” me preguntaban al principio. Puede sonar a ciencia ficción, pero si le preguntamos a nuestras abuelas nos dirán que ponían las sabanas al sol y se quedaban impolutas. Pues tienen mucha razón. La luz es una onda electromagnética con una energía que al transmitirse, si tiene la suficiente, rompe los enlaces entre moléculas. No sirve cualquiera, de hecho, la desinfectante no la podemos ver. Necesitamos que sea de tipo ultravioleta profunda o mayor frecuencia, de ahí que las tiendas online se hayan llenado de productos UV.

-Parece fácil, tenemos varias herramientas. ¿existe alguna contraindicación?

-Esa es la clave. Vuelvo a apelar al conocimiento popular: “los productos químicos son peligrosos”, “evita el contacto con la piel” o “ponte crema porque el sol puede dar cáncer”. No podemos entrenar estas herramientas para que solo ataquen a los virus, no pueden distinguir lo que es bueno o malo, simplemente reaccionan. Esto significa que nosotros también somos susceptibles de ser atacados.

– ¿No crees que de una forma o de otra tenemos claro cuáles son los peligros?

-Con los productos de toda la vida, más o menos, sí. El problema es el boom de dispositivos a los cuales no estamos acostumbrados y que se han lanzado al mercado a la desesperada para intentar paliar el coronavirus. En Infinitia hemos visto atónitos el auge de ozonizadores domésticos, para el coche, lámparas de techo UV-C… he llegado a ver hasta chupetes de bebe que tienen radiación ionizante.

– ¿No hay algún control sobre los productos que comentas?

-Desconozco porque se están permitiendo. Para que te hagas una idea, desde hace muchos años algunos aires acondicionados incorporan un generador de ozono pese a que la confederación de instaladores lo desaconseja y la normativa vigente establece que se debe de aplicar en ausencia de personas y siempre por profesionales. Aunque lo incluyan, existe una normativa que limita la concentración de ozono en aire respirable a una concentración tan baja que no puede desinfectar (aunque si eliminar olores). Por tanto, “queda claro que ambas cosas, aire para respirar y ozono para desinfectar no pueden ir juntas”, resalta Zurro.

-Entonces, quizá aprender a utilizarlos y concienciar a la población sea lo más fácil.

-Eso es solo parte del camino. Puedes saber usarlo y los riesgos asociados, pero ¿realmente funciona? ¿Es publicidad engañosa? La luz UV-C es la más afectada. La tecnología funciona, si, y muy bien, pero hay que saber aplicarla, no todo vale.

A petición de varias empresas hemos testeado varios dispositivos que aseguraban unos resultados satisfactorios y debo decir, que, de los “aparatitos” para el hogar, muy pocos son lo que dicen. Evaluamos, por ejemplo, LED ultravioleta para desinfectar el coche. No dudo que funcionen en condiciones muy concretas, pero en las reales te aseguro que no. La influencia de las sombras que se forman, distancias de aplicación, materiales porosos…. Son cosas que no te cuentan.

 

Desde Infinitia aconsejan examinar este tipo de tecnología “nueva” antes de ser instalada y desembolsar la inversión correspondiente, que en el caso del sector industrial puede ser muy elevada. El apoyo de una ingeniera contribuye a encontrar una solución real y adaptada a cada necesidad.

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